Santuario de Santa María da Franqueira - Diócesis Tui, Vigo

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Historia

Origen y tradición

El antiguo monasterio de Santa María de A Franqueira (Municipio de A Cañiza) se encuentra situado en las tierras altas del sureste de la provincia de Pontevedra, en el corazón de los Montes de A Paradanta. Llegar hasta él es hoy muy fácil. No lo era tanto hace sólo tres o cuatro décadas. Este aislamiento físico, unido a lo muy agreste de su emplazamiento, explica a la perfección el escaso protagonismo, evidente asimismo en lo monumental , que poseyó la Casa a lo largo de su historia.

Vista general de A Franqueira


Frente a ello, debe significarse que en su seno recibe acomodo una Virgen que nuclea una de las devociones más grandiosas del sur de Galicia e incluso del norte de Portugal. A comentar lo esencial de la evolución histórico-artística del cenobio y a ponderar esta eclosión cultural está dedicada esta sección. De su lectura pausada se derivarán también pistas muy sugestivas para valorar convenientemente tanto el lugar que le corresponde a A Franqueira en el contexto del monacato cisterciense de Galicia, particularmente brillante en los siglos centrales de la Edad Media, como el que hay que asignarle a la iglesia, único testimonio de entidad llegado hasta hoy del complejo constructivo comunitario, en el panorama monumental de su tiempo, el siglo XIV, marcado por el auge de las empresas vinculadas a las colectividades de filiación mendicante y el declive de las inspiradas por agrupaciones de progenie monástica, hecho que confiere a los vestigios que contemplamos, humildes en apariencia, una dimensión ciertamente insospechada.

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Nada o muy poco sabemos del nacimiento, pasos iniciales e incluso primeros siglos de vida del monasterio de Santa María de A Franqueira, sumidos, como acontece en tantos otros casos, en el confuso campo de las leyendas, fundidas, en el que nos ocupa, con el arranque del culto a la Virgen titular. Dejándolas de lado, hecho que implica a la vez olvidarse de los intentos de remontar los orígenes de la vida monástica en este lugar a tiempos anteriores o inmediatamente posteriores a los de la invasión musulmana, el primer testimonio relativamente seguro de la existencia del cenobio procede del 9 de junio de 1063, día en el que, según referencia del padre Jerónimo Ávalos transmitida por Hipólito de Sa, Fernando I hace una donación a su abad Alvito y a los monjes que le acompañaban, especificando que la casa la habían fundado “viri boni in Sancata vita degentes” y otros, “post multa”, la habían restaurado. El mismo padre Ávalos, monje de San Martín Pinario, en Santiago de Compostela, invocado de nuevo por Hipólito de Sa, da cuenta de otro documento, el segundo por orden cronológico, relacionado con A Franqueira. Se trata ahora de un privilegio expedido a su favor en el mes de junio de 1144 por Alfonso VII. En él, junto a la confirmación de los derechos y propiedades que el monasterio tenía y a la concesión de todo lo que al rey le pertenecía en los lugares que se mencionan, se especifica taxativamente que la comunidad, comandada por el abad Odoario, vivía “sub regula ste, benedicti”.

Ninguno de estos dos documentos se conservaba en el monasterio a mediados del siglo XVII ni se tenía noticia de su existencia, pues no lo menciona Fray Nicolás de Robles, autor, alrededor de 1656, año de su terminación (las adiciones posteriores no afectan a lo que aquí se comenta), del Tumbo hoy conservado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. A pesar de esto y también de la ausencia de ambos instrumentos en las colecciones diplomáticas de los dos monarcas citados, Fernando I y Alfonso VII, lo que se deduce de su contenido revela una secuencia que en nada se diferencia de la que podemos encontrar en otras muchas Casas monásticas: una comunidad surgida a partir de precedentes, verosímilmente eremíticos, que en un momento determinado de su evolución decide organizarse conforme a las prescripciones establecidas en la Regula Benedicti, referente imprescindible de la mayor parte de las colectividades monásticas que por entonces existían.

Vista general de la fachada principal de la iglesia de A Franqueira



El paso siguiente en la vida de esta comunidad, de la que prácticamente no sabemos nada, será, tal como sucedió en diferentes cenobios gallegos y también de otras latitudes más o menos próximas, su incorporación a la Orden del Cister. Suele fecharse esse hecho en el año 1293, pero no existe ningún documento que ratifique su validez para fijar tan decisivo su evento en la vida de la Casa. Su proximidad relativa a la data, 1343, que figura en el epígrafe que exhibe el dintel del tímpano que preside la fachada principal de la iglesia, fundamental para la cronología de toda ella, que se habría comenzado antes y con toda probabilidad, según es usual detro de la Orden del Cister, tras el cambio de observancia, la hace muy verosímil, aunque no sea segura, permitiendo pensar que la adscripción, si no se produjo exactamente en el mentado de 1293 (una deficiente lectura del epígrafe y una incorrecta interpretación de su exacta finalidad, como se ha comentado en alguna ocasión, parecen estar en el origen de la invocación precisa de este año para situar el acontecimiento que estamos valorando), sí debió acaecer en un momento próximo a él y sin duda por afiliación, ya que, más allá de la escasez de noticias sobre el cenobio en los tiempos que la precedieron, nada hace suponer que la vida monástica desapareciera antes de ese tránsito por completo del lugar de A Franqueira.

Nada sabemos tampoco sobre el proceso mismo de afiliación de la comunidad franqueirense a la Orden del Cister, ignorándose también algo tan esencial a ese respecto como la manera de llevarse a cabo la afiliación, es decir, si se produjo de un modo directo, con intervención de una de las grandes abadías madres borgoñonas, que en este caso, dada la ubicación de A Franqueira, habría sido con toda seguridad Clairvaux, la gran dominadora del panorama cisterciense en Galicia, o de un modo indirecto, mediante la actuación de una Casa ya afincada en el territorio gallego. La poca entidad que como núcleo comunitario siempre tuvo A Franqueira hace más probable, sin que contemos con documentación que la avale, la segunda opción comentada, siendo su cercanía a Santa María de Melón (Municipio del mismo nombre, provincia de Ourense), a falta de otros datos, el argumento que sirve de apoyo a quienes vienen afirmando que ésa fue su Casa madre, dependencia orgánica que incorporaría a Santa María de A Franqueira a la filiación del monasterio borgoñón que fundó Melón poco después de 1150, esto es, Clairvaux, la abadía nacida en 1115 de la mano de San Bernardo.

La incorporación de A Franqueira a la Orden del Cister, al margen ya de los interrogantes que plantea el proceso, tiene un enorme interés histórico. Con ella, en efecto, se daba fin a varias décadas de ausencia, sin presencia activa del organismo en Galicia, donde en tiempos anteriores, tras la fundación en 1142 de Santa María de Sobrado (A Coruña), había actuado con particular éxito e intensidad (de Clairvaux dependieron en el noroeste peninsular, de un modo u otro y entre 1142 y 1225, un total de 13 cenobios importantes), debiendo significarse también que, de hecho fue el de A Franqueira el último monasterio que se integró en la Orden en nuestro territorio durante la Edad Media. Los que a ella se adscribieron en la segunda mitad del siglo XV lo hicieron no libremente, como suponemos que sucedió en el caso que nos ocupa, sino forzados desde fuera y como consecuencia de su difícil estado interno.

Situadas en sus justos términos o, si se prefiere, matizadas las dudas que suscitan tanto el momento exacto en el que se produjo como la modalidad precisa de incorporación de A Franqueira a la Orden del Cister, el siglo XIV será ya el de su plena consolidación y asentamiento definitivo. Son prueba inequívoca de ello, por un lado, la construcción del complejo monástico (la iglesia, único vestigio medieval hoy conservado, debió concluirse en lo esencial, como se verá, alrededor de 1343), y, por otro, las donaciones que recibe, no muchas ni, en general, de gran empaque, aunque sí muy significativas. Buena parte de ellas tendría su origen en la difusión del culto a la Virgen titular de la abadía, una expansión devocional de la que es muestra elocuente el testamento otorgado el 19 de diciembre de 1361, en Rivadavia (Ourense), por Johán Gomes, escudero, quien manda “yr en romaria por min huun home ou moller con oferta e con candea a Santa María da Franqueira, tamaña candea como eu de meu estado”.

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No bastaron dádivas como ésta ni otras posteriores, alguna tan importante como la recibida en fechas imprecisas, avanzado ya el mismo siglo XIV, de don Payo Sorreda de Sotomayor (incluía, entre otros, el coto de A Franqueira), o la incorporación a su patrimonio en 1481, con todas sus propiedades, del recientemente extinguido moasterio de Casteláns (Municipio de O Covelo, Pontevedra) para que Santa María de A Franqueira conservase la categoría abacial al ingresar en la Congregación de Castilla, acontecimiento que se produjo el 16 de agosto de 1521 mediante bula otorgada por el Papa León X, uniéndose a nuestra Casa, tras la dimisión como abad comendatario de Ildefonso de Pisa, familiar del Pontífice, al Colegio que la Congregación tenía en Salamanca.

Vista general de la fachada principal de la iglesia de A Franqueira


Con posterioridad, concretamente en el año 1572 y por iniciativa ante el Capítulo General de la Congregación del Conde de Salvaterra, se intentó que el monasterio de A Franqueira recuperara su rango abacial. Esta pretensión, sin embargo, no llegó a consolidarse por no disponer el mentado personaje de los medios económicos necesarios para hacer frente a las exigencias que esa condición conllevaba. Durante prácticamente toda la Edad Moderna, pues, A Franqueira tendrá la categoría de priorato o, mejor aún, de presidencia, nombre con el que en la referida Congregación eran conocidas parte de este tipo de Casas de menor entidad.

Poblado por pocos monjes, con rentas bajas y con una vida cotidiana escasamente destacada, premisas que pueden aplicarse con idéntico fundamento a lo esencial de su trayectoria como núcleo monástico, llegará el cenobio de Santa María de A Franqueira hasta 1835, año en el que, como consecuencia de las leyes desamortizadoras auspiciadas por Mendizábal, los religiosos lo abandonan, pasando ulteriormente la iglesia a servir como parroquial, misión que sigue cumpliendo ejemplarmente todavía en la actualidad.

2017. Santuario de Santa María da Franqueira - Diócesis Tui Vigo.
Fotografías: F. Javier Pérez Rego